Para muchos, nuestra escuela primaria era un estorbo. Y él era un chaval paliducho y con sobrepeso, y a parte de asustar a los niños, lo más parecido a un deporte que practicaba era recoger pelotas de golf en un campo los fines de semana. De ninguna manera era un chaval de acción ni un héroe.
Pero para los estudiantes del Haleiwa Elementary en los 60, allí no había hombre de mar más valeroso que su héroe surfista José Ángel. En una era donde la Costa Norte (North Shore), era un desafio temible, el Capitán Ángel era un hombre entre niños.
Creció en San Francisco, donde practicaba natación, boxeo, natación, tenis e iba a la escuela; Ángel siempre puso durante toda su vida el surf por delante de la escuela. En la universidad estatal de San Francisco conoció a una chica surfear llamada Mozelle Gooch que despertó su interés en las olas grandes. Cuando Gooch se mudó a Hawaii, Ángel la siguió y la pareja se casó en 1955. Tuvieron tres hijos que crecieron en la decada de los 70.
El surf no era lo primordial para José Ángel hasta que su familia se mudó a la Costa Norte a finales de los 50. La maldición de Waimea había sido rota recientemente y una naciente subcultura surgía en la bahía. Ésto fue un empujón para Ángel, que probó el desafío de las olas gigantes de Waimea.
Los días de temporal, él se sentaba esperando las olas más grandes, las que nadie quería ver, de las que la gente escapaba. Cuando las olas se lo tragaban, dejaba a todo el “lineup” preocupado por su segurirad, pero José Ángel resurgía entre la espuma riéndose. Todo era diversión para él, los revolcones formaban parte de la experiencia.
No se interesó nunca en organizar competiciones, prefería el desafío natural de cabalgar olas grandes e incluso rechazó dejar el agua durante una competición. La primera portada de la revista SURFER mostraba a un Ángel sin miedo encarando un monstruo en Sunset Beach. Greg Noll, considerado uno de los surfistas más audaces de los pioneros de la Costa Norte, llamó a José Ángel “el surfista más chalado de todos”.
El surf no era la única prueba del valor de José Ángel, era un bravo buceador de perlas, normalmente llegaba a una profundidad de 200 pies sin ayuda de equipo de buceo. En invierno tocaba turno para el surf, en verano para el buceo. En 1974, Ángel estaba surfeando lejos de Kauai, cuando la presión le dejo la pierna derecha parcialmente paralizada. Su surf se resintió, y se dedico de lleno al buceo. En 1975 se divorció de su mujer, él dedicada toda su vida al mar, no era ni una sombra del gran surfista que deslumbró a la Costa Norte una década antes. Ahora era un viejo buceador alcohólico y enganchado a las anfetaminas.
El 24 de julio de 1976, buceando en la isla de Maui, a más de 300 pies de profundidad, se perdió y su cuerpo jamás fue encontrado. A partir de ese momento su leyenda creció. Su fama de surfista de olas gigantes, hombre de familia y valeroso hombre de mar crecía año a año.
Nunca por fama, dinero o gloría, simplemente por la emoción de surfear olas grandes, será recordado.
Basado en: http://www.surfline.com/surfaz/surfaz.cfm?id=746